MÉXICO D.F., 13 Ago. 15 / 01:10 pm (ACI).- El Arzobispo Primado de México,Cardenal Norberto Rivera Carrera, dio una ejemplar lección sobre cómo responder a las presiones del lobby gay a través de una carta en la que contesta a una serie de exigencias que le hace un transexual respecto a la postura de la Iglesia ante el aborto, el matrimonio entre personas del mismo sexo y la ideología de género.

El 29 de julio el transexual Diana Sánchez Barrios envió una carta al Cardenal Rivera en la que alaba las leyes del aborto y de las uniones homosexuales en el Distrito Federal –a las que considera como un “beneficio para la población–; y en la que acusa a los obispos de Chihuahua, Durango y Sonora, además del Arzobispo de Guadalajara, Cardenal Francisco Robles Ortega, de promover la homofobia y la discriminación contra los homosexuales.

En su carta, Sánchez Barrios, el primer transexual en buscar un cargo político en México, intenta poner como garante de su pedido al Papa Francisco y pide que cese la “violencia” contra ellos: “basta de discriminación, basta de llamar al odio en nombre de Dios”, escribe.

El 11 de agosto el SIAME publicó la respuesta del Cardenal Rivera a la carta de Sánchez Barrios, en la que hace una serie de precisiones y responde una a una a las solicitudes del transexual.

“En primer lugar –escribe el Cardenal Rivera– difiero con Usted que la aprobación de algunas leyes sean para el beneficio de la población, asesinar a un niño en el vientre de su madre de ninguna manera es un bien para la mujer que experimenta este drama, ni mucho menos para el niño que se le priva del primero de todos los derechos que es el de la vida”.

 

Con frecuencia, resalta el Arzobispo Primado de México, “acuden mujeres que han abortado a buscar la reconciliación con Nuestro Señor y con ellas mismas y no se puede imaginar el dolor y la culpa que sufren, pues terminan por cobrar conciencia que el aborto fue un acto horrendo en el que asesinaron a su propio hijo”.

El Purpurado afirma luego que “la Iglesia no puede aceptar la aprobación de falsos derechos como los que usted enumera en su carta porque van en contra de lo que dice la sagrada Escritura, la doctrina de la Iglesia que surge de ella y la fe católica vivida en la fidelidad al proyecto de Dios a lo largo de dos mil años”.

Sobre la solicitud de Sánchez Barrios de reprender a algunos prelados, el Cardenal precisa que “a excepción de mis ocho obispos auxiliares, no tengo jurisdicción sobre ningún otro obispo del país, cada obispo, incluido el Arzobispo de Guadalajara, Cardenal Francisco Robles Ortega, responden directamente al Santo Padre, lo mismo cabe señalar para los arzobispos de Chihuahua, Durango y Hermosillo”.

El Cardenal Rivera responde también que “no es el Papa Francisco quien pide de abstenerse de discriminar a las personas homosexuales, sino el Catecismode la Iglesia Católica publicado en 1993, durante el pontificado de San Juan Pablo II que en el número 2358 dice: ‘… deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta’”.

El Purpurado recuerda además que el numeral 2357 del Catecismo señala que los actos homosexuales son “intrínsecamente desordenados” y “contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso”.

“Y el Papa Francisco no ha cambiado esta doctrina de la Iglesia”, precisa.

El Cardenal Norberto Rivera concluye su carta agradeciendo la misiva de Sánchez Barrios y haciendo votos para que “les conceda la luz del Espíritu Santo para que conociendo la verdad que Jesús nos ha revelado, puedan vivir conforme a esa verdad, la única que nos salva”.

Lee las cartas completas en: http://www.siame.mx/apps/info/p/?a=13633&z=32

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En principio, el noviazgo está establecido como el tiempo que transcurre entre el conocimiento y la elección para el matrimonio. No tiene como finalidad el ejercicio de la genitalidad en tiempos de ocio ni la búsqueda del propio placer en nombre del afecto. No busca llenar soledades mal llevadas ni vacíos que nadie puede suplir. No está hecho para la demostración de las habilidades para el cortejo ni para encontrarse en el otro cuando no se tiene certeza de lo que se es.

Su finalidad es el conocimiento mutuo, la maduración del afecto hasta convertirlo en un amor de decisión capaz de llegar a la elección que lleve a la renuncia de cualquier otro hombre o mujer.

El sexo, no ha de ser durante el proceso, la base de la relación sino la cúspide del compromiso, un compromiso que lo sella el matrimonio. Empezar dicho conocimiento mediante la desnudez y la entrega genital es coartar el camino para la transparencia. Es más difícil ser uno mismo con ropa cuando estar desnudo ha sido el “hábito” que nos cubre.

Su objetivo  es ver al otro en la claridad de la razón y no en lo nublado del corazón; sin minimizar sus defectos ni maximizar sus virtudes. Descubrir en el proceso aquello que nos asemeja, lo que hace que seamos capaces de divertirnos juntos, de tomar decisiones que no sean a espaldas del otro, de tener claridad hacia dónde vamos; aquello que nos complementa pues muestra lo enriquecedor que podemos ser el uno para el otro (por ejemplo los gustos personales y lo que cada uno quiere hacer en su tiempo libre); aquello que nos diferencia y que puede convertirse en el caballito de batalla cuando estas últimas son las que prevalecen en la relación.

Un noviazgo bien llevado debe dar certeza de la persona que hemos elegido para compartir la vida. Saltarse los principios básicos del proceso hará que descubran que se equivocaron. Debe permitir entender que no se hace la elección de la persona “ideal” cuya existencia verdadera no existe sino de la persona “adecuada” en cuyo caso la entenderá siempre como alguien fuerte en las debilidades y habilidosa para manejar conflictos serios de pareja.

Este tiempo de relación debe ayudarles a mirar cómo reacciona la otra persona ante las situaciones límites de su vida: cómo se enfrenta ante la abundancia y la escasez


(dos realidades que les pueden acompañar en su condición de esposos); ante la enfermedad, el fracaso o el éxito y la muerte de quienes ama.

Nada de esto debe ser ajeno a la pareja pues todo hará parte del equipaje de su vida futura. Es más, han de conocer primero su capacidad para la resolución de los conflictos pues estos aparecerán durante toda su existencia y su capacidad para el perdón y la sanación de situaciones dolorosas.

Un buen noviazgo ha de permitir construir las primeras bases arquitectónicas de la edificación del amor. No es el tiempo para “hacer feliz” al otro (responsabilidad demasiado compleja como para lograrlo), sino compartir juntos la propia felicidad. Debe ser capaz de ayudar a mirar más allá de la cama  pues la vida futura no se construirá toda sobre ella.

Debe ayudarles a conocer la generosidad del futuro cónyuge o su tacañería, su resiliencia vital (actitud que le permite sobreponerse a lo adverso sin dejarse destruir), su amor que construye y no que explota como si la otra persona fuera una mina a quien hay que sacar provecho.

El noviazgo ha de llevar a la experiencia de pensar con mirada de futuro, pero sin la imaginería propia de los cuentos de hadas creyendo haber encontrado príncipes o princesas. No hay tales. Sólo plebeyos, gente humana, demasiadamente humana que no va a colmar nunca las expectativas erróneas de nadie, gente que no tiene la obligación de ser el artífice del destino de ninguno ni de la felicidad de ninguno, sino solamente compañeros de camino, aquel con quien un día decidimos atar amorosamente un yugo (de ahí la palabra cónyuge) para juntos poder abrir el surco donde se siembre la semilla de la felicidad.
 Por Juan Ávila

 

Les propongo a continuación un ejercicio práctico de sanación para prepararse por el camino del perdón. Lo pueden hacer durante el tiempo que crean conveniente, no menos de una semana cuando lo comiencen.
 
Como cónyuges, deben dedicarse un espacio, un tiempo para un diálogo sincero y abierto
 
El ejercicio del perdón
 
1.- Un trabajo individual. 
En el momento del día de más calma para cada uno, tomen un cuaderno y un lápiz.
 
2.- Es el momento de serenar el corazón y pensar: ¿Qué cosas son las que mí cónyuge me tiene que perdonar?, ¿En qué le he fallado o le estoy fallando? ¿Qué cosas soy consciente que necesito recibir el perdón? Muy importante: "Es el momento en el que me pongo en el lugar de…" Hago consciencia de mis errores y defectos y son los que molestan o dañan la vida matrimonial y familiar.
 
Nota: Poner por escrito todo lo que se me viene a la mente. Todo lo que humildemente veo que necesito pedir perdón. Esto es importante hacerlo durante varios días. Dejar de lado cuando se nos cruce por la cabeza “las ofensas recibidas”. Primero hay que reconocer los propios pecados, las deudas con mi cónyuge.
 
3.- Después de varios días de hacer el ejercicio anterior, pensar y escribir igual cómo lo hicimos anteriormente las cosas que veo de mí cónyuge y tengo que perdonar. 
También aquí escribirlas con la mayor caridad y respeto posible, no condenando, dejando la puerta abierta para el arrepentimiento.
 
4.- En un día establecido, tomarse un tiempo, que sea lo más largo posible para poner en común lo rezado y escrito durante este tiempo. Si lo hacen bien, el fruto puede ser muy grande.
 
5.- Se busca juntos un acuerdo para evitar en adelante aquello que hiere o molesta al cónyuge. 
También es el momento en que se materializa el perdón en la renovación del amor reconociendo a Dios como su fuente. Puede surgir un propósito para que sea revisado periódicamente. Cada matrimonio encontrará lo que mejor se adapte para su crecimiento.
 
Algunas pautas para saber si estamos haciendo bien el ejercicio
 
    ¿Miro mis faltas antes de las de mi cónyuge?.
    En el momento de pensar aquello que tengo que perdonar de mi cónyuge ¿lo hago con respeto y compasión?.
    ¿No dejo de lado nada, por más doloroso que sea?.
    Al momento de dialogar: ¿Se evitan las discusiones, se renuncia a la actitud de justificarse, se da la oportunidad al cónyuge de que explique alguna situación, y muy importante: se cree en el otro?.
    ¿No hay apuros?, ¿ésto no se hace por compromiso o por conformar al otro?, ¿es un deseo y un encuentro buscado y querido?.
    ¿Se crece en la convicción de que éste es el camino por el que se crece en el amor?.
 
Por Daniel Varayoud. Artículo originalmente publicado por pildorasdefe.net

 

Así de firme se ha mostrado el nuncio Apostólico de Panamá, Andrés Carrascosa, durante una entrevista en la que ha sido interrogado acerca de la polémica que han despertado las declaraciones del Papa Francisco. 

“Los divorciados vueltos a casar no están excomulgados y forman parte de la Iglesia”. Estas fueron las declaraciones del Papa Francisco, malinterpretadas por muchos periodistas que confundieron la excomunión con la posibilidad de recibir el sacramento de la Eucaristía, tal y como ha criticado el nuncio Apostólico de Panamá, Andrés Carrascosa durante una entrevista en televisión. “La excomunión sólo se da en delitos muy graves”, recuerda Carrascosa. La expulsión de la Iglesia católica sólo se produce en casos de gran gravedad como de apostasía o de revelación del secreto de confesión.

Carrascosa advierte en esta entrevista del peligro de “no escuchar lo que dice el Papa” realmente. El nuncio asegura que Francisco lo que quería transmitir el pasado miércoles en su audiencia al afirmar que “los divorciados vueltos a casar forman parte de la Iglesia” era la necesidad de que los sacerdotes refuercen su acogida a las personas en esta situación.

“Los divorciados vueltos a casar no pueden comulgar a no ser que quitemos las palabras de Cristo del Evangelio”, ha declarado categóricamente el prelado de origen español. Tal y como sostiene Carrascosa, si se tiene una segunda unión después del matrimonio se está cometiendo adulterio, y en pecado no se puede comulgar.

 

 

“Me gustaría aprovechar la ausencia del Santo Padre, en esta primera meditación de Cuaresma, para proponer una reflexión sobre suExhortación apostólica Evangelii gaudium, que no me habría atrevido a hacer en su presencia”.

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